Etiqueta: cuento de miedo

El jugador

Le había cogido la mano y la notó caliente. Estaba animado, ella también lo estaba.

Por primera vez en mucho tiempo no sentía ese desasosiego que parecía perseguirle desde aquella maldita noche de fin de año, pero sabía que era algo circunstancial, aun así le hizo sentirse bien. Habían comido en un agradable restaurante cerca de Paseo de Gracia, uno de esos con una terraza en la calle, pero apartada de la circulación tanto de coches como de personas. Se lo había recomendado su hermano. En ocasiones es complicado hallar un reducto de tranquilidad en el centro de Barcelona, pero aquel restaurante de comida mediterránea sin duda lo era. Él hubiera preferido el restaurante de comida japonesa que había una calle más allá, pero tuvo que reconocer que la recomendación de su hermano fue acertada.

Era un sábado de mediados de junio y aquella mañana al despertarse y levantar la persiana de su habitación entró la apacible luz del sol bañando toda la habitación. Hicieron el amor de manera tranquila, pausada, sintiendo cada roce, cada caricia, como si ya hiciera dos vidas que se conocieran y ahora se dedicaran a reconocerse.

No siempre había sido así. Sus problemas con el juego y la bebida, por ese orden, le había acarreado multitud de discusiones, peleas…hasta aquella infame noche de fin de año. Leer más

Relato: Los ojos de cuervo

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Sus ojos vuelven a mirarme fijamente, siguiéndome por toda la habitación, como si fuera una condena. Incluso estando de espaldas puedo sentir su mirada clavada en mi nuca. Unos ojos que se mueven hostigando cada uno de mis movimientos, como una sombra implacable, como un presagio de algo terrible. Entrar en esa habitación me da escalofríos.

Ya llevaba dos semanas en casa, tras dejar el hospital.

-¿Cómo está mi mujer?- sudaba y el corazón trataba de salirse del pecho.
-Tranquilícese, pase a esta sala y ahora vendrá el doctor a informarle.
-¿Pero cómo está?- mi nerviosismo apenas dejaba que puediera articular una palabra con sentido.
-Yo no puedo decirle nada, ahora vendrá el doctor y le informará-. La enfermera me empujó de forma suave pero firme hacia una pequeña sala de espera en la que permanecí sin sentarme durante una eternidad.
-¿Señor Roca?
-Sí, soy yo-contesté al hombre alto y delgado ataviado con una bata blanca que apareció de repente, como si fuera un fantasma, casi sin hacer ruido, al abrir la puerta de la sala de espera.
-Siéntese por favor-su tono era serio, seco, casi fiel reflejo de su rosto enjuto, cuyo único detalle que podía llamar la atención era un bigote fino y blanco como su cabello que le dotaba aun de mayor severidad.
-¿Cómo está mi esposa?-pregunté antes de sentarme en una de las sillas de plástico. Leer más