David Casado Aguilera

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Relatos de terror

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La dama de blanco

Roberto sale de casa de Valentín a trompicones. Se encuentra en un avanzado estado de embriaguez, pero ese no ha sido el motivo principal por el que abandona la fiesta.  Margarita no ha ido y eso le ha molestado sobremanera. Pensaba que allí estaría, seguro su hermana no le dejo ir, sonríe maliciosamente Roberto mientras le da una patada a una lata que provoca que unos perros ladren en la lejanía y se rompa el silencio que cubre el pueblo a esas horas de la noche. Read More


 

El pozo de los monstruos

El miedo primigenio. El primer miedo nace en la infancia, cuando somos niños y todo nos parece grande. Nos sentimos protegidos en el entorno que conocemos, pero fuera habita un mundo que se nos presenta hostil, lleno de monstruos y ruidos amenazadores.

El mejor aliado del miedo es la imaginación. La imaginación de un niño puede ser inmensa e inabarcable para la razón de un adulto, y a medida que va creciendo va dejando por el camino restos de esa imaginación.

Cuando echamos la vista atrás, la infancia se nos presenta como una etapa en la vida que al recordarla nos provoca una tímida sonrisa. Únicamente evocamos aquellos momentos que aparecen con cierta ternura, la inocencia de un ser sin mácula. Recordamos la calidez de un hogar, la dulzura de una sonrisa materna o la seguridad que sentíamos bajo el regazo de los mayores que nos protegían, pero mi infancia no fue así, mis recuerdos van a parar irremediablemente a ese primer miedo. Sigue leyendo


 

El motel

No piensa regresar a la ciudad, lo tiene decidido, esa vida se acabó. No quiere saber nada más de Vanessa ni de su puta familia, los últimos tres años han sido una auténtica pesadilla, un infierno.

Por primera vez en mucho tiempo Víctor se siente libre, aliviado quizás, pero sobre todo puede experimentar algo parecido a la felicidad mientras mira hacia adelante y puede contemplar la carretera que se pierde en el infinito, a la vez que cruza un paisaje abierto, agreste y amplio.

Víctor lleva conduciendo más de cinco horas, las últimas tres por carreteras secundarias, el sol se está poniendo más allá del horizonte. No sabe exactamente en qué punto de Teruel se encuentra, lleva un mapa en la guantera pero no piensa mirarlo, para qué, piensa, da igual donde vaya, lo importante es no volver atrás. Sigue leyendo


 

Un asesino por San Valentín

“Te falta un año para odiar San Valentín”. Esa es la escueta nota escrita en la tarjeta que acompaña a la única rosa de la que constaba el detalle floral.

Durante los últimos quince años, Maite ha recibido cada catorce de febrero el mismo ramo de rosas rojas y la misma nota, con la única variación en el número de rosas y de años que indicaba la nota. Era una cuenta atrás. Sigue leyendo


 

La casa abandonada

Manuel estaba radiante de felicidad, por fin había llegado el día que había estado esperando todo el año: el inicio de las colonias. Ese día también significaba que había acabado el curso y, otro motivo para sentir ese cosquilleo en el estómago, era que Ingrid, la chica que le tenía robado el corazón, tan sólo iba sentada dos filas más adelante en el autocar que les llevaba hasta la casa de colonias. Hasta la libertad pensaba un sonriente Manuel, que miraba por la ventana distraídamente el paisaje montañoso que estaban atravesando. Todos sus amigos estaban inquietos, ocupaban la parte trasera del autocar, lejos de los profesores que estaban sentados delante, con los empollones. El jolgorio empezó nada más subirse al autocar y que éste arrancara, dejando atrás el colegio, la ciudad y las obligaciones. Sigue leyendo →


 

La muchacha que trabajaba en la tienda de ataúdes

Ese chico hace días, incluso semanas, que pasa por la calle y se queda mirando hacia el interior, como si quisiera traspasar el cristal del escaparate, pensó  Clara al observar el rostro impávido del chico al otro lado del cristal. Clara se extrañó, porque no era muy común que la gente se detuviera a mirar el escaparate, más bien miraban hacia otro lado, incluso los había que aceleraban el paso, como si una terrible maldición los persiguiera. A Clara no le gustaba estar en la tienda, pero desde que cumplió los dieciséis años, su padre le insistió en que debía ayudar en el negocio familiar, especialmente desde que murió su madre. Desde entonces su padre parecía un alma en pena, casi no hablaba, permanecía en la trastienda, puliendo la madera, con la mirada perdida y sus pensamientos flotando en el aire como si fueran mariposas que hubieran perdido todo su esplendor. Clara agradecía que la dejara sola, le turbaba tanta tristeza, se sentía agobiada por los suspiros agónicos que a cada minuto exhalaba su padre. Pero lo peor eran los silencios, eternos como la soledad del condenado. Clara intentaba para contrarrestar esa tristeza que flotaba en el ambiente, viajar a otros lugares, imaginaba que estaba al lado del mar, debajo de una palmera y sobre la fina y blanca arena de una playa tropical, de esas que podía leer en sus novelas de aventuras y piratas. Cualquier excusa le servía a Clara para alejarse de aquel lugar, el lugar más triste del mundo pensaba, no podía ser de otra manera, tratándose de un negocio de ataúdes. Sigue leyendo →


 

La cruz de San Antonio

 

El grupo de amigos llega hasta la cruz, un lugar al que se le llama así por su enorme cruz de madera que fue instalada en ese lugar, a las afueras del pueblo, para bendecir los campos y también para ser el lugar hasta el cual se llega cuando sacan al santo, durante las fiestas patronales.

El grupo de amigos lo componen cinco chicos y cuatro chicas, de entre quince y dieciocho años, se conocen de toda la vida. Cada año pasan todo el verano en ese lugar, un pequeñito pueblo al sur de la provincia de León. Les gusta, cuando llega la noche, ir hasta la cruz, para beber alguna cerveza y fumarse un cigarro fuera de las miradas de los adultos. Es un lugar muy cerca de la carretera, a medio kilómetro del pueblo y situado en una pequeña montaña, cuyo punto más alto está encumbrado por la cruz.

Esta noche no tiene nada de especial, salvo que el cielo está encapotado y no es posible ver una sola estrella, y la pálida luz de la luna llena apenas es un reflejo muy lejano. La oscuridad es total, por eso colocan en la base de la cruz cuatro pequeñas velas que pudieron extraer de la iglesia. Apenas corre el viento, es una calurosa noche de inicios del verano, los nueve muchachos están animados, en poco más de dos meses llegarán las fiestas del pueblo y entre risa y risa comentan que harán este año. Quieren comprar bebidas, pero como siempre tendrán que agudizar el ingenio para saltarse la vigilancia de sus padres, que afortunadamente en verano, siempre tienden a bajar la guardia. Alfredo, uno de los más mayores del grupo, cuando ya han acabado algunas botellas de cerveza, comenta que podrían contar historias de miedo, a nadie se le escapa que es para atemorizar a las chicas y que éstas se vayan acercando a los chicos, con la escusa de esas viejas historias que prácticamente ya no asustan a nadie, ya que siempre son las mismas, pero esa noche será diferente. Sigue leyendo →


 

Ojos de Mensajero

Es una tranquila tarde de octubre, con la llegada del otoño todo parece ir a un paso más lento, se deja atrás el ritmo acelerado veraniego y se entra en un letargo con cierto poso de melancolía que parece adormecer los sentidos, mientras los campos se tornan amarillentos y las hojas se desprenden de los árboles y se posan en el suelo en silencio. Los cristales se empañan, se escucha el sonido del viento y los suspiros se vuelven más sonoros. Los rayos solares se van debilitando y los días se acortan.Sigue leyendo →


 

Caminos de pasos perdidos

 

Daniel estaba inquieto y con un gran dolor de cabeza. A duras penas podía acabarse la comida que su abuela le había dejado, definitivamente unas morcillas con migas no era lo mejor para pasar una resaca. Se había convertido en una costumbre de ese verano trasnochar, levantarse más allá del mediodía y comer en soledad, con la única compañía de sus propios pensamientos, generalmente, tratando de reconstruir los acontecimientos de la noche anterior. Por fin había conseguido que Ángela le prestara atención, anoche mantuvo con ella una conversación de más de una hora. Daniel siempre había estado enamorado de Ángela y ese “siempre” se remontaba a cuando él contaba con nueve años y Ángela ocho. De eso ya hacía una pequeña eternidad.Sigue leyendo →


 

Un traje negro

Voces, gritos e imploraciones, lágrimas de desolación resbalan por una mejilla fría como un témpano de hielo. La noche se va extinguiendo como la luz temblorosa de una vela al amanecer. Me siento sobre el borde de la cama, el suelo está frío y poso mi vista perdida en la silla que tengo frente de mí, sobre su respaldo hay un traje que parece recién planchado. No recuerdo haberlo puesto en ese lugar la noche anterior, tampoco lo reconozco, no creo que sea mío. En el interior de mi cabeza un zumbido que me aturde, que se aleja y que se acerca a un ritmo constante, como el latido de un bebé.

Giro la cabeza y veo por la ventana que hace poco que ha amanecido un día gris, cielo plomizo, como si se hubiera derramado sobre el cielo una alfombra de ceniza. Sigue leyendo →

 


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