David Casado Aguilera

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Relato: El hombre que viajaba en el tiempo

El hombre que viajaba en el tiempo

El otro día conocí a un hombre que viajaba en el tiempo. Era un hombre enjuto, de pelo largo y blanco como la nieve, vestido como si fuera un lord inglés, menudo, delgado y con una mirada capaz de albergar más de una vida. Era un hombre que, según me dijo, tenia la habilidad, el don, o la desgracia, eso lo dejo a la valoración del lector, de desplazarse por el tiempo a su antojo. Cuando se me presentó, de una forma casual, pero dotado de una gran magnificencia, no supe qué decirle o qué preguntarle, precisamente por su porte y su escueta presentación: Soy un hombre que viaja en el tiempo, pregúnteme lo que quiera. Estoy seguro que si hubiera pensado al respecto, hubiera podido preparar toda una lista de cuestiones por las que preguntar, pero cuando un hombre de esa índole se presenta ante ti, te mira con unos ojos profundos, de esos que han contemplado mil amaneceres en épocas diferentes, te abruma, pero tras un primer instante de cierta conmoción, logré esquivar su sonrisa escrutadora y alcancé  a preguntar, cómo era el futuro, por qué me pregunta sobre el futuro joven, inquirió con sus ojos grandes e intimidadores, porque…no sé, supongo que siempre es más atractivo saber lo que está por venir que lo que ya ha pasado. Yo no estaría tan seguro de eso joven. Pero si lo que ha pasado ya lo sabemos, dije, quiénes, preguntó, la humanidad dije yo, los hombres. Si algo he aprendido de la capacidad de viajar en el tiempo es a tener la certeza, de que el hombre nunca aprende, estimado joven, si tuviera que destacar una habilidad del ser humano, destacaría la gran capacidad que tiene para el olvido.

A mí me gustaría saber que me depara el futuro, pregunté, pero eso es peligroso joven, contestó, por qué pregunté, porque el futuro es esperanza, es la esencia de la duda, si se mata la duda, se mata la esperanza y sin esperanza dejaríamos de tener sueños. El pasado en cambio nos acerca al arrepentimiento por las cosas que hemos hecho mal. No queremos arrepentirnos, no queremos aprender de los errores que hemos cometido en el pasado. Entre el arrepentimiento y la esperanza elegimos la esperanza.

Usted joven, tiene sueños, me preguntó el viajero en el tiempo, sí, claro, como todo el mundo, aún así quiere saber que le deparará el futuro, si, es más, me gustaría saber cuándo moriré, el hombre dio un salto hacia atrás, me miró asustado, abriendo la boca y meditando durante unos segundos qué podía decirme. Para qué quiere saber cuándo morirá, para saberlo, para estar preparado, para poder despedirme de mis seres queridos, para poder hacer todas las cosas que quiero hacer antes de que llegue el día que me tenga que ir.

Ve como no escucha, si sabe el día en el que va a morir dejará de vivir, no existirá la duda, la certeza habrá matado a la incertidumbre. Pero saberlo, precisamente, te ahorra esa incertidumbre, esa intranquilidad. Al saber el día de mi muerte tendré todo mi tiempo para pensar en el resto de cosas, la muerte ya no será algo que me aceche, sino que sabré a lo que atenerme. El viajero en el tiempo me miró con cierta condescendencia, incluso con cierta lástima. Se me acercó lentamente y me susurró unas palabras al oído, un escalofrió recorrió mi cuerpo, y en ese preciso instante me arrepentí de haberle preguntado el día en el que iba a morir.

2 thoughts on “Relato: El hombre que viajaba en el tiempo”
  1. Laura agosto 10, 2011 on 11:41 am Responder

    Los finales abiertos son los más interesantes. Aunque a mi si me gustaría ver el futuro 😉

  2. admin agosto 11, 2011 on 2:26 pm Responder

    Gracias Laura
    ¿Te gustaría ver el futuro en general o tu propio futuro?

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