El egoismo del dolor

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El egoismo del dolor, poesía, david casado aguilera

El dolor se introduce en tu cuerpo como el frío en invierno,

como la humedad un día de tormenta;

se acerca y se aleja subido en la marea baja de una noche de insomnio.

El dolor no perece, no desaparece, se transforma en una aguja candente

que te perfora, con saña, pero no deja huella, tan sólo un resquicio

por donde se escapa el escaso valor del que no se aleja del presente.

Un lamento, un suspiro anhelando una caricia,

un cuerpo cansado, incapaz de bajar los parpados y dejar de herir;

unos pasos que no encuentran la salida

un silencio condenado a nunca partir.

El dolor no descansa, ni se aflige,

no participa de la inopia ni la costumbre

te acompaña y te duele,

no derrama lágrimas, ni se conmueve,

te arrastra a su guarida

allí donde el débil nunca será fuerte,

allí donde la mirada permanece perdida.

El dolor acucia, constante, repetitivo, cadente

sin esperanza de respuesta

aullando como un lobo con hambre perenne,

umbrío, anodino, como una tarde de verano, donde el mundo duerme la siesta.

El dolor no se queja

no llora

no te deja

El dolor no tiene miedo a la muerte

porque el dolor no muere

es egoista y al igual que vino, se aleja.