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Vídeo promoción El Vals de la Soledad

Se ha realizado este fin de semana el vídeo promocional de la novela El Vals de la Soledad. En este vídeo puede verse una breve entrevista conmigo y una secuencia de imágenes en blanco y negro que pienso, se identifican con el espíritu de la novela. Este vídeo está integrado en el canal de YouTube […]

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Cuarto capítulo de El Vals de la Soledad

Capítulo 4

Una mañana de agosto me desperté con un sobresalto, como si algo o alguien me hubiera clavado un puñal. Respiraba con dificultad. Aun hoy no sé la verdadera razón que me llevó a hacer lo que hice, pero me levanté de la cama como un autómata, me duché y salí de casa. Se me hizo extraño caminar bajo la luz diurna, mis pasos fueron torpes, como los de un recién nacido que aprende a caminar. Todo me era ajeno, pues hacía muchos meses que no salía a la calle. Había evitado el contacto con la gente, intentaba caminar con la vista baja pero no me fue difícil ver como algunos transeúntes me miraban,  imagino que mi aspecto no debía ser el mejor, más bien parecería un triste vampiro buscando su ataúd que un ser humano. Fui directamente a la estación de Sitges donde cogí un tren con destino a Barcelona. No sabía si estaba preparado para enfrentarme a la ciudad pero si tenía muy claro hacia dónde dirigir mis pasos.

Los domingos por la mañana alrededor del mercado de San Antonio tenía lugar un mercado de libros, donde se podían encontrar libros descatalogados, usados, antiguos posters, carteles, películas, chapas… toda una manzana para encontrar lo que no había en otro lugar. Antes de la muerte de Silvia solía acudir a ese mercado casi cada domingo, en busca de esa joya, de esa primera edición o rareza que no podía encontrar en otro lugar. Además, los precios solían ser muy asequibles.

El calor era asfixiante, la luz solar me cegaba y había comenzado a sudar profusamente. Continuaba aturdido, pero estar en un lugar conocido me reconfortó y el contacto con los libros me relajó en cierta manera. Noté como me temblaban ligeramente las manos, se hacía muy evidente cuando agarraba un libro, pero lo dejaba inmediatamente para no llamar la atención, ya que en esos momentos sentía como si todo el mundo estuviera pendiente de cada uno de mis movimientos. Leer más