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Relato: La dama de blanco

Relato de terror, la dama de blanco, david casado aguilera

La dama de blanco

Roberto sale de casa de Valentín a trompicones. Se encuentra en un avanzado estado de embriaguez, pero ese no ha sido el motivo principal por el que abandona la fiesta. Lucero no ha ido y eso le ha molestado sobremanera. Pensaba que estaría en la fiesta, seguro su hermana no le dejo ir, sonríe maliciosamente Roberto mientras le da una patada a una lata que provoca que unos perros ladren en la lejanía y se rompa el silencio que cubre el pueblo a esas horas de la noche.

Roberto es lo que se llama un mujeriego. Ya han sido varias las mujeres del pueblo que han pasado por sus brazos, y su cama. Lo más complicado de esa perniciosa actividad es no levantar sospechas, especialmente entre los barones del lugar. Muchos lo matarían si se enteraran lo que hace con sus esposas, hermanas, sus hijas o sus nietas. Lo cierto es que cuando logra que ellas cedan a sus deseos pierden todo su esplendor y encanto, pero hasta ese punto puede cometer las mayores locuras, y ya han sido varias las veces que ha estado a punto de tener un serio percance. Leer más

Imaginando tu nombre

Relato imaginando tu nombre, david casado aguilera

Recuerdo con el endeble tintineo de una aparición el día que te vi por primera vez, incluso los momentos previos como antesala de lo que estaba por venir. Aquella había sido una gélida tarde, diciembre estaba agonizando y yo caminaba perdido por las calles de una ciudad que pedía a gritos un momento de silencio. En medio de tanta gente que deambulaba a paso ligero, con bolsas y regalos, nadie reparaba en mi, como tampoco yo logro hoy recordar un solo rostro de los cientos con los que me crucé. Pasear por esas calles era paradójicamente ser consciente de mi propia soledad aun estando rodeado de gente, una marabunta anónima y pálida, como las luces mortecinas que se reflejaban en los charcos que la lluvia de primera hora de la tarde había creado, como por arte de magia, complacida de aportar su dosis de melancolía, porque la lluvia huele a melancolía, tras su paso el ambiente se llena de un gran vacío, como si todo lo que hubiéramos sido se hubiera ido tras ella, igual que el verano va tras la primavera. Leer más