David Casado Aguilera

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¿Qué significa la palabra responsabilidad?

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Ante los acontecimientos que se están dando últimamente en mi país, o cualquier otro, sólo hace falta ver un rato las noticias, si se tiene estómago para ello, acudo raudo ante el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) para buscar el significado de una palabra que hace tiempo escucho en boca de políticos, directores de banco, líderes mesiánicos, gurús de pacotilla, sindicalistas, manifestantes varios…pero que sin embargo he olvidado su significado debido a la prostitución de dicho término, la palabra en cuestión es: responsabilidad.

Escribo a continuación las diferentes descripciones que de la palabra se dan:

Responsabilidad.

1. f. Cualidad de responsable.

2. f. Deuda, obligación de reparar y satisfacer, por sí o por otra persona, a consecuencia de un delito, de una culpa o de otra causa legal.

3. f. Cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado.

4. f. Der. Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente.

~ subsidiaria.

1. f. Der. responsabilidad que entra en juego en defecto de la directa y principal de otra persona.

de ~.

1. loc. adj. Dicho de una persona: De posibles y digna de crédito.

Realmente me deja estupefacto leer los diferentes significados de una palabra tan en boga en los últimos tiempos y sin embargo tan alejada a su sentido original. Parece que en el camino ha sufrido mutaciones, patadas, pisotones, vejaciones y manipulaciones.

Todo el mundo alude a la responsabilidad ajena sin asumir la suya propia, claro que siempre ha sido un ejercicio muy practicado, más incluso que ver el instructivo “cotilleo nacional”, echar las culpas del marrón a otro.

Políticos que son incapaces de asumir responsabilidades, aceptar errores, decisiones equivocadas, planteamientos desacertados, declaraciones disparatadas, y que sin embargo aluden con rapidez a que la responsabilidad siempre es del que ha habido detrás o del que está por llegar o del que en ese momento pasa por su lado, pero nunca, nunca, ocurre el milagro de que asuman la acepción número 4 de la palabra responsabilidad: Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente. No, son incapaces.

Pero tampoco nos equivoquemos y caigamos en el recurso fácil de criticar lo que nosotros mismos no hacemos, es decir, llamamos irresponsables a los políticos y líderes gubernamentales por no ejercer su cargo con responsabilidad, pero esa responsabilidad exigible a ese cargo debe empezar por nosotros mismos. Desde el momento de incidencia directa que representa la hora de ejercer nuestro voto, a nuestra participación como ciudadanos de todo lo que incumbe al mundo que nos rodea, desde lo local a lo global.

Es nuestra responsabilidad participar en la medida de nuestras posibilidades en el debate político y social que actualmente sacude al mundo, opinar, informarnos, criticar, construir, porque la política nos afecta a todos, la política es demasiado trascendente como para dejarla únicamente en manos de los políticos.

Delegar es un eufemismo que significa no asumir la responsabilidad, una dejadez que en los tiempos que corren es un lujo que no nos podemos permitir.

La responsabilidad es un ejercicio sano, en ocasiones duro, ya que nos puede dejar magulladuras, lesiones permanentes, dolores y cicatrices, pero esas consecuencias no dejarán de ser un indicativo que seguimos vivos y no somos un cadáver andante, un zombi sin personalidad, ni juicio, ni capacidad crítica, ni responsabilidad.

 

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