David Casado Aguilera

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Lectores gandules

Cada día me sorprendo más al conocer la opinión de algunos lectores y al palpar en el ambiente lector qué tipos de libros gustan y qué libros no, me doy cuenta que los lectores somos gandules. Todos parecen estar cortados por un mismo patrón, me refiero a los “Best Sellers” y quede dicho por anticipado que soy lector de ese tipo de libros y que en ningún caso es sinónimo de menosprecio, los hay bueno, muy buenos, mediocres y directamente malos. Pero volviendo a lo que quería decir: hoy en día el lector es un lector pasivo, gandul ante retos literarios, holgazán ante la perspectiva de salirse de las lecturas marcadas por el momento.

Ken Follet, autor conocidísimo y multitudinariamente leído, declaraba hace unos meses que el intentaba que cada dos páginas sucediera algo para mantener al lector pegado al libro. Es una táctica muy inteligente, pero eso me provocó un escalofrío, no por el hecho de que quieras mantener al lector pegado a tu libro, sino que para el lector un libro no es interesante sino ocurre nada cada dos páginas, pero ¿qué tiene que suceder? no vale cualquier cosa, ha de ser un asesinato, una infidelidad, un amor imposible, un religioso metido en problemas, una secta desconocida y muy antigua que amenaza el mundo…

Lo que quiero decir es que un simple discurrir, brillantemente escrito, en el que no pase nada de gran importancia, carece de interés para la gran mayoría lectora. Se nos ha malacostumbrado como lectores, queremos que un libro sea como una película de mil efectos especiales y en el que no tengamos que pensar ni poner mucha atención. Se nos ha convertido en lectores gandules, donde un libro como La montaña mágica de Thomas Mann o Los miserables de Victor Hugo son simplemente definidos como “coñazos”, “tochos” o más benevolentemente “aburridos”.

La lectura es distracción, es un placer, un pasatiempo, claro que sí, y para nada pretendo indicar lo que la gente tiene o no tiene que leer, pero la lectura también puede ser meditación, descubrimiento, reflexión, forzarnos a ir más allá de una simple lectura. Cada vez más se nos está acostumbrando a lo fácil, se nos da todo mascado. Ante un texto de una cierta complejidad nos rendimos y nos retiramos sin haberle dado una sola oportunidad.

Desde estas humildes líneas os animo a leer, “Best Sellers” libros del momento, novedades, por supuesto, pero también os invito a descubrir esas obras, no tan populares, que llevan la etiqueta de clásicos, en los que no hay un adulterio, ni un infanticidio, ni siquiera una orden religiosa con malas intenciones, cada dos páginas, sino que simplemente sus hojas están rellenas de literatura, buena literatura, me gustaría saber que eso tendría que ser suficiente.

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