David Casado Aguilera

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Escritores como estrellas del Rock

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Paul Auster

Ayer asistí a la presentación del último libro del escritor estadounidense Paul Auster (Diario de invierno) en el CCCB de Barcelona. Nada más acceder al patio central del recinto, previo paso a la sala habilitada para el evento, en el interior, pude ver una larga fila de personas esperando a que abrieran las puertas. Habría al menos más de doscientas personas, me quedé sorprendido. No era la primera vez que asistía a la presentación de un libro de Auster y sabía de su poder de convocatoria, pero la realidad superó mis expectativas más optimistas. Una vez en el interior se confirmó la apocalíptica previsión, la sala se llenó y se tuvo que habilitar otra sala contigua en la que los asistentes verían al escritor por una pantalla. Los datos oficiales que se dieron un poco más tarde, por parte del presentador del acto: más de 800 personas, tal vez un poco exagerado.

El acto comenzó 15 minutos más tarde del horario previsto, creando por ello una gran expectación, ya de por sí conseguida desde un principio. Me recordó a los grupos de rock cuyos conciertos, por una ley no escrita, comienzan siempre más tarde de la hora señalada, una táctica para crear expectación y que cuando la banda salga al escenario, la gente estalle, creando un ambiente en ebullición perfecto para un concierto. Pero estamos hablando de un escritor.

Me alegra y me satisface enormemente ver la expectación que puede crear un escritor, la gente que atrae, que se interesa por su discurso, por su firma, más allá de sus libros. “Los escritores somos mucho más solicitados y gozamos de un mayor estatus en Europa, Asia o Latinoamérica que en Estados Unidos” dijo ayer el escritor estadounidense. “Los escritores en Estados Unidos no formamos parte del debate intelectual, nuestra opinión prácticamente no interesa”, afirmó seguidamente. ¿Entonces, porqué ese interés por un escritor estadounidense en Barcelona? Ayer había mucha gente pendiente de su discurso, de sus opiniones.

Tampoco nos engañemos, esta popularidad e interés tan sólo es soportado por unos pocos escritores. No entraré en la dicotomía comercialidad-calidad. Como en todo, la música por ejemplo, que venda mucho no significa que sea bueno, como también es cierto que ser bueno no va reñido con vender mucho. No hablamos de calidad, sino del interés que suscita entre los lectores. Hay escritores que consiguen atrapar al lector y otros que no. Es así de simple.

Existe un grupo, una élite de escritores que son capaces de congregar multitudes, que provocan que haya gente que pega codazos por conseguir un autógrafo y que son capaces de saltar sobre una señora en silla de ruedas, para conseguir su rúbrica (eso lo han visto mis ojos). El resto, en mayor o menor medida, permanece en una nebulosa informe bajo la etiqueta de escritor.

El oficio de escribir está directamente ligado a la soledad, al ejercicio individual de encerrarse en un cuarto, sin distracciones, e inventar historias. No es un acto colectivo, es una necesidad que surge del interior y que una vez resuelto esa lucha interna ve la luz pública en forma de libro.

Puede parecer paradójico, pero una cosa que nace de la soledad, del recogimiento más absoluto, puede llegar a mucha gente, puede conmover, se puede establecer una relación entre escrito y lector, y ese nexo de unión es el libro. Ese es el principal protagonista, por encima incluso del que lo ha escrito, por encima del discurso que alberga el escritor y superior a sus opiniones puntuales o coyunturales.

Es positivo para todos aquellos que nos dedicamos a la literatura que haya pioneros que sean capaces de convocar multitudes, que susciten un interés y una admiración por un oficio que no siempre es respetado ni admirado, incluso puede ser ninguneado. “Qué consejo darías a un joven que se te acercara y te dijera que quiere ser escritor” le preguntaron a Paul Auster “sin duda le diría que se quite esa idea de la cabeza. Si después de pensarlo bien y saber que no ganará dinero, tampoco popularidad, que se dedicará a un oficio que probablemente le suponga largas horas de sufrimiento sin la compensación del reconocimiento, quiere seguir siendo escritor, tiene, entonces, alguna posibilidad de serlo”.

Ser escritor, por lo tanto, no es perseguir la fama, querer ser como una estrella del rock, aglutinar multitudes de fans… uno no va corriedo y le dice a su madre quiero ser famoso, quiero ser escritor. La cara de la madre le dira: niño tu eres gilipollas.

Ser escritor es engalanarse para una batalla sabiendo de antemano que saldrás derrotado, aunque existan casos excepcionales, algunos de ellos admirables, pero ese hecho no debe alterar el discurso y la intención original de todo aquel que haya caído prendado por las faldas de la literatura.

3 thoughts on “Escritores como estrellas del Rock”
  1. […] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos ¿Puede un escritor ser tan popular como una estrella del rock? http://www.davidcasadoaguilera.com/opinion/escritores-como-estre…  por alejandrodoria hace […]

  2. aMPARO SÁEZ ÁLVAREZZ Abril 10, 2012 on 8:57 am Responder

    Paul Auster no es sólo un escritor. Es un ser accesible que se deja acariciar sin oponer resistencia. “Diario de Invierno” podría acercarse al relato de mi propia vida llena de sobresaltos, pérdidas, cigarrillos, ….
    Desde mi soledad le doy las gracias. He tenido la sensación de recoger el pasado entre mis manos, entreabrirlas y dejar caer lo más pesado.

    Un saludo,

    Amparo

    • admin Abril 12, 2012 on 12:35 pm Responder

      Hola Amparo
      Muchas gracias por tu comentario. Me gusta mucho Paul Auster, el post era una reflexión sobre la popularidad de algunos escritores, que en ocasiones se parece más a una estrella del rock que a lo que se le presume, y seguro quieren esos escritores. Es independiente la calidad literaria de esos escritores con su popularidad, en este caso, Paul Auster, sí tiene popularidad y calidad literaria, cosa que no otros escritores tienen, ya que ostentan una gran popularidad, sin tener una pizca de calidad literaria. ¿Tu qué opinas?
      Un abrazo Amparo

      D

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