David Casado Aguilera

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El idioma de la libertad

Se ha desatado una estúpida polémica a raíz de un programa de la televisión autonómica catalana TV3. El programa en cuestión es el convidat (el invitado) en el que el periodista Albert Om es el invitado cada semana de un personaje público de cierta relevancia en la sociedad catalana. Esta semana era el invitado de Gerard Quintana, músico y líder de la mítica banda de Rock Sopa de Cabra, que tuvo su momento álgido en la década de los 90 y que recientemente han llenado durante tres noches seguidas el Palau Sant Jordi de Barcelona y que nunca ha esondido su simpatia por la independencia de Cataluña, siempre desde el respeto y la tolerancia ante opiniones contrarias.

Hasta aquí todo normal, en teoría el periodista convive durante una jornada con su anfitrión, tienen conversaciones distendidas, incluso de carácter más intimo y con un toque de confidencialidad, infiltrándose en el entorno y en el hogar de su anfitrión. Gerard Quintana habla de su vida, de su relación con la música, su relación con todo lo que acompaña a un artista de rock, conciertos, fama, canciones, incluso la triada drogas sexo y rock & roll, vaya lo que en realidad podía tener un cierto interés, dada la profesión del protagonista. Pero no, ha saltado la polémica entre las ratas intolerantes que nos rodean, estén bajo el auspicio de una bandera o de otra: Gerard Quintana nos descubre o más bien muestra que habla castellano con sus hijos y su mujer ¡Dios mío que gran pecado! Pues se ha iniciado en algunos sectores del radicalismo independentista y desde el sector más rancio del fascismo español un acoso y derribo al músico, especialmente en las redes sociales y bajo el amparo cobarde, en muchos casos, del anonimato.

Lo único ante lo que mantengo una postura intolerante es ante la intolerancia. Se puede ser más gilipollas que agredir a una persona por hablar en el idioma que quiera en su casa, a su mujer, a sus hijos. Hemos llegado a un punto en el que el ritmo político, social, o de la simple convivencia parecen marcarlo los radicales, los intolerantes, que quieren que todos seamos como ellos: unos amargados que son incapaces de ver más allá de sus propias narices.

El idioma es una herramienta que se utiliza para la comunicación, para el diálogo, no es un arma para la exclusión o la marginación del que no la utiliza o simplemente no la comprende. Cataluña es un lugar en el que por encima de todo existe un bilingüismo, pese a quien pese y joda  a quien joda. Es así, es una realidad. Cada uno tiene el derecho de expresarse en el idioma que quiera, en el que se sienta más cómodo y no tener que pedir perdón por ello, ni tener que justificarse.

Es triste escuchar o leer insultos, menosprecios de ignorantes que opinan sobre algo que no conocen, pero sí hay que mirar a alguien para culpar sobre la imagen que se tiene de Cataluña fuera de nuestras fronteras habría que mirar hacia la clase política, en la que prácticamente no se salva ni el apuntador.

No seremos una sociedad libre hasta que los que vivimos en ella seamos libres, no podemos criticar lo que ignoramos, ni podemos menospreciar lo que nos es ajeno. Falta respeto, comprensión y grandes dosis de tolerancia para poder decir que somos libres. Mientras la supuesta libertad tenga un solo idioma estaremos perdidos.

Lee el artículo que publica Gerard Quintana en El Periodico

4 thoughts on “El idioma de la libertad”
  1. Espe noviembre 23, 2011 on 10:23 pm Responder

    Gracias por esa obertura de miras, se agradece. Ante todo somos personas, no hay más.

    • admin noviembre 23, 2011 on 11:41 pm Responder

      Muchas gracias Espe por tu comentario, así es, podemos detenernos en lo que nos diferencia, pero al final, lo que queda y lo que nos mueve es prácticamente lo mismo.
      Un saludo
      D

  2. Pascual Martín febrero 23, 2012 on 12:09 pm Responder

    Comparto plenamente tu punto de vista. Dices verdades como puños. ¡Enhorabuena!

    • admin febrero 23, 2012 on 4:24 pm Responder

      Muchas gracias Pascual por tus palabras.
      Un saludo
      David

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