David Casado Aguilera

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¿Por qué nos gusta el terror?

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¿Por qué nos gusta el terror?

Lo he de reconocer, uno de mis géneros favoritos, tanto cinematográficos como literarios, es el terror. Siempre he sentido fascinación por una buena película de miedo, de esas que te mantienen en tensión y a la espera que te den un buen susto. Me gusta pasar miedo. También he de decir que en la actualidad muchas de las películas bajo la etiqueta de terror no esconden más que una burda historia de consumo rápido, algún giro más que previsible y escenas ya muy manidas. Me viene a la mente la chica buenorra gritando y huyendo del asesino mientras sus grandes tetas se balancean ante el babeo del imberbe espectador.

Tampoco es cuestión de decir que antes se hacían mejores películas de terror que ahora. No sería del todo cierto, ya que en los últimos años se han realizado películas de este género bastante buenas. Lo que me revienta es la continua utilización de efectos que nada aportan a la película. Estamos ante la película al servicio de los efectos, no a la inversa. Lo interesante sería que los efectos estuvieran al servicio de la película. ¿Y qué me decís del 3D? Sin comentarios.

Como escritor he creado relatos cuyo eje principal es el terror y el suspense, ese conjunto de relatos se publicó bajo el nombre de Relatos Nocturnos. Ahora habrá una nueva publicación revisada y ampliada, donde he incluido relatos nuevos y he quitado dos que no creía que funcionaran demasiado como relatos de terror. Esta edición correrá a cargo de la Editorial Cassandra 21.

Por otro lado, estoy en la fase de finalización de mi primera novela de terror. Lo más probable es que llevará por título “Nicolás”. Es una historia de terror clásico, que se ubica en un pueblo pequeño de la provincia de Soria, donde un grupo de amigos de entre doce y catorce años, y en especial dos de ellos, se enfrentaran a la presencia de dos entes, que convertirán el verano de 1986 en una pesadilla.

Más allá de la cuestión personal me gustaría intentar responder a la pregunta de por qué nos gusta pasar miedo. ¿Por qué nos atraen las historias de terror?

Para comenzar, y antes de que alguien lo diga, indicaré que, si bien es cierto que no es lo mismo el cine que la literatura y, aunque haya muchos jóvenes que piensan que no es posible, se puede pasar miedo leyendo un libro al igual que viendo una película. Por mi experiencia personal, considero que escribir una buena historia de terror es muy complicado, es relativamente más fácil poder arrancar otras emociones al lector, como la tristeza, la furia, una sonrisa e incluso una lágrima, que darle un buen susto y hacerle pasar miedo.

Estamos ante una generación que tiene la imagen como único estímulo. Es una educación visual lo que en cierto modo nos convierte en perezosos a la hora de imaginar. Imagen ante imaginación, lo que me lleva a otro punto: el miedo. En realidad, más que a la imagen el miedo está ligado a la imaginación.

Piensa en una situación: estás solo en una cabaña en medio del bosque, tus amigos han salido a por leña, ha oscurecido y de repente escuchas un ruido extraño. En ese momento la imaginación se pone a trabajar… y si escarbamos un poquito, el miedo es algo que está intrínsecamente dentro de nosotros, de cada ser humano. El miedo nos ha hecho evolucionar desde que bajamos de los árboles y nos hizo estar alerta ante la presencia de depredadores.

Pero no quiero desvariarme e ir a lo que me proponía desde un principio: dar mi punto de vista del motivo por el que nos gustan las historias de terror. Simple y sencillamente porque nos hacen sentir a salvo. Nos gusta pasar miedo poniéndonos en el lugar del o la protagonista de la película que va a ser asesinado/a, o del niño que está siendo perseguido por un payaso del más allá. Sí, adoro a Stephen King. Sabemos que eso que nos da tanto miedo le está pasando a otro y nos reconforta saber que, una vez que salen los créditos de la película o cerramos el libro, nosotros estamos a salvo. Es tranquilizador, ¿no crees?

¿Cuántas veces has visto a alguien en el cine taparse los ojos con las manos ante una escena horripilante pero dejando una rendija entre los dedos para seguir viendo? Es como cuando pasamos ante un accidente, todos nos giramos a ver qué ha pasado, a fijarnos en el cadáver tendido en la cuneta, no podemos evitarlo. ¿Por qué lo hacemos? Algunos dirán que por morbo, yo creo que lo hacemos para sentir que nosotros estamos bien, que no somos esa persona que está muerta.

No hay como verle el trasero a la muerte para sentirnos vivos.

David Casado Aguilera

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