Categoría: El vals de la soledad

Ebook El vals de la soledad en una nueva editorial

Ebook El vals de la soledad en una nueva editorial

Me alegra daros la noticia que ha nacido una nueva editorial, su nombre es Cassandra21. Es una editorial centrada en los libros electrónicos y que apuesta por los autores jóvenes. Una propuesta muy interesante ante la perspectiva editorial que estamos viviendo en la actualidad y que no tiene un más allá muy esperanzador. Podemos ver en los medios de comunicación como son cada vez más las librerías que desaparecen, las editoriales que tienen que cerrar, el auge de la piratería…por todos esos motivos es una gran noticia la propuesta de Cassandra 21. Leer más

Séptimo capítulo de El Vals de la Soledad

 Capítulo 7

Me fui del “dulce hogar” a los diez años, la chispa que hizo estallar el arsenal de mi paciencia sucedió una noche en la que mi padre llegó más borracho que nunca. Sabía el estado en el que llegaba por el ruido que provocaba al cerrar la puerta, y esos niveles eran: borracho, muy borracho o tremendamente borracho, aquella noche llegó en el tercer nivel y eso significaba que había que esconderse. Lo hice tras suplicar a mi madre que se escondiera en algún sitio, pero no movió ni un dedo para desaparecer de allí, al contrario, lo desafió manteniéndose todo lo erecta que podía, ante eso mi padre no abrió la boca, se quitó su cinturón y del primer latigazo le abrió el labio inferior, ella retrocedió por el golpe, pero no dejó de mirarle a la cara con una mirada que decía me das asco, me repugnas, pero no me das miedo, en ese momento mi padre levantó de nuevo su brazo ejecutor y le dio otro latigazo que impactó en el cuello, el sonido fue igual que el que escuché una vez que mi madre me llevó al circo, cuando el domador golpeaba a los leones con su látigo, al tercer intento de levantar el brazo, salí del armario donde solía esconderme y me puse delante de él, no le importó demasiado y noté el chasquido en mi cara, que sentí estallar en mil pedazos, poco después de caer al suelo miré a mi madre implorándole para que hiciera algún gesto en mi defensa o me sacara de aquel infierno o matara a aquel cabrón, sin embargo, no hizo nada de eso, se mantuvo quieta sin decir absolutamente nada. En aquel instante, tuve muy claro que tenía que salir de ese agujero si no quería que me mataran, o mi padre con sus golpes, o mi madre con su silencio y su apatía, así que mientras mi padre abrió la nevera en busca de una cerveza, yo con un diente menos y con todo mi orgullo magullado, abrí la puerta y no volví nunca jamás a pisar aquella casa. Leer más