David Casado Aguilera

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El proceso de revisión y corrección de una novela

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El proceso de revisión y corrección de una novela

Desde hace unos días estoy inmerso en uno de los procesos más interesantes que me permite mi faceta de novelista: Revisión y corrección del manuscrito. Un verano en la casa azul ya está entrando en la recta final.

En un principio, la fase más atractiva y enriquecedora a nivel personal a la hora de crear una novela, es precisamente ese: la fase de creación, cuando plasmas sobre el papel lo que se ha ido formando en tu cabeza. Lo más divertido es crear esa historia en tu cabeza, dibujar los personajes, ir creando una trama con cierto peso, vislumbrar un final…Esos dos pasos: la creación imaginativa y la traslación de esa historia a una hoja en blanco forman parte de lo que podríamos denominar “lo más atractivo” del proceso, o lo que los escritores señalan como lo más interesante de su oficio.

Sin embargo no puedo concebir una novela sin un tercer paso, quizás menos grato, menos creativo, donde la imaginación deja de jugar y pasa a un lado mucho más frío, más racional, es el proceso de revisión y corrección, imprescindible para que una novela tenga cuerpo, sea homogénea, sea en definitiva una novela.

Es un proceso, que en contra de la opinión de algunos colegas, considero enriquecedor, y que como escritor te permite, o más bien, te obliga a profundizar más en la historia que pretendes contar, a revisar lo escrito, a desechar, esto último ejercicio non grato, pero necesario, para despojar a la historia de la hojarasca sobrante. Es el último paso, y para mí el más trascendente, el que definirá tu novela, el que le dará el poso final. Es como ponerle un vestido, unos arreglos, detalles, que sin ellos la novela quedaría desnuda.

En estos días me encuentro precisamente en ese proceso de “vestir” a mi novela, Un verano en la casa azul, darle esa personalidad necesaria para que pueda salir a la calle y distinguirse de las demás. Si lo consigo o no ya queda en mano de los lectores, jueces últimos de la novela, pero es importante recordar, que el juez primero es el propio escritor. Ha de ser exigente, paciente, crítico, humilde y no perder nunca la perspectiva.

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